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CAFTA vrs. ALBA

José Luis Medal.
La Prensa, Nicaragua.

La Alternativa Bolivariana para las Américas (Alba) que implica la priorización de un supuesto proceso de integración latinoamericano, no puede ser una alternativa al DR-Cafta, sería en todo caso una política económica complementaria, no excluyente de la profundización del proceso de liberalización comercial que implica el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Quienes por razones políticas pretenden presentar al Alba como una mejor alternativa y excluyente del DR-Cafta ignoran al parecer toda la experiencia histórica del mismo proceso de integración centroamericano y latinoamericano.

Los partidarios del Alba proponen como alternativa una estrategia integracionista que se basaría en el proteccionismo arancelario, con lo que se estaría repitiendo el viejo error histórico de los procesos de integración latinoamericana de los años cincuenta y sesenta.

A mediados del siglo pasado, tanto los cepalinos como los dependentistas latinoamericanos sostuvieron que la apertura externa y la vinculación comercial estrecha con Estados Unidos era a la postre perjudicial. Sostuvieron que como alternativa había que promover el comercio y la integración entre los países latinoamericanos. Además argumentaron que más que el desarrollo hacia fuera basado en la agroexportación había que impulsar el desarrollo hacia adentro a través de la industrialización fundamentada en el proteccionismo arancelario. Se sostuvo que los productores nacionales no podían competir con las empresas extranjeras por lo que se establecieron elevados aranceles para proteger a las llamadas industrias nacientes.

La integración latinoamericana basada en el proteccionismo arancelario fracasó en los años cincuenta y sesenta. En el caso de Centroamérica el Mercado Común Centroamericano (MCCA) estableció en los años sesenta un arancel promedio de cerca del 60 por ciento, lo que condujo a industrias ineficientes de poco valor agregado y con poca capacidad de exportación extrarregional. En los años noventa, el MCCA rectificó su política de proteccionismo arancelario y se comenzó a hablar de un proceso de integración hacia afuera, de una estrategia de regionalismo abierto basada en la apertura comercial. La misma CEPAL (Comisión Económica para América Latina) comenzó a mostrarse favorable a la liberalización comercial. El arancel promedio centroamericano disminuyó de cerca del cincuenta por ciento que tenía a finales de los ochenta al promedio actual del seis por ciento.

Esa apertura comercial ha beneficiado a los consumidores y ha promovido la eficiencia, aunque la productividad en Nicaragua es aún muy reducida. El DR-Cafta lo que viene a hacer es a profundizar ese proceso de apertura comercial y es totalmente coherente con la estrategia de integración hacia afuera o de regionalismo abierto que desde inicios de los años noventa han implementado los países centroamericanos.

No existe ninguna oposición entre el DR-Cafta y una estrategia de integración centroamericana —e inclusive latinoamericana— basada en el regionalismo abierto. Todo lo contrario. Ambas son complementarias. No existe nada en el DR-Cafta que impida por ejemplo el profundizar la integración centroamericana. Si el Mercado Común Centroamericano a pesar de tener más de cuarenta años de existencia, no ha llegado nunca a ser un verdadero mercado común — técnicamente no lo es, ya que no existe libre movilidad de la fuerza de trabajo—, no es por culpa del “imperialismo norteamericano” a como dirían los anti-Cafta, sino que por responsabilidad de los propios centroamericanos.

Tampoco existe ninguna contradicción entre el DR-Cafta y el promover un proceso de mayor vinculación económica de Nicaragua con Venezuela o Brasil. Aunque nuestras relaciones comerciales con esos países son mínimas, no hay nada en el DR-Cafta que se oponga a que Nicaragua suscriba tratados de libre comercio con esos países. Se podría incluso pensar idealmente en llegar algún día a conformar un solo mercado latinoamericano. Pero si el mismo MCCA después de casi medio siglo no ha llagado a ser un verdadero mercado común —no ha pasado de ser una unión aduanera imperfecta— en el escenario optimista tomará al menos otro medio siglo para que se llegue a conformar un Mercado Común Latinoamericano. Pero mientras llega ese momento, nuestro principal mercado y socio natural seguirán siendo Estados Unidos, país donde se concentran los intereses comerciales de Nicaragua.

Inclusive aún en el hipotético caso que se hiciera realidad en el corto plazo el sueño bolivariano de una América Latina unida, ello no tendría que ser excluyente de una profundización de la apertura comercial con Estados Unidos. Aunque se cree un mercado común latinoamericano, Estados Unidos tendería a ser siempre el principal socio comercial de Nicaragua. Sólo si se concibe al Alba como un instrumento político para una confrontación con Estados Unidos, habría oposición entre el Alba y el DR-Cafta y Nicaragua se autoembargaría no ratificando este tratado comercial. Ello no conviene sin embargo, a los intereses estratégicos del país.

El autor es economista, catedrático de Ave Maria College.

 
   

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